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La humildad, no es una condición asociada al estatus social, nivel académico o posición de poder como muchos suelen confundir. Es muy común encontrar personas que asocian la humildad con pobreza, carencia de recursos económicos o hasta falta de estudios seglares.

Pongamos un ejemplo; una persona adinerada, con estudios académicos y con cierto grado de poder puede ser humilde, es aquella persona que  no se cree superior a otros, no establece diferencias, es consciente de sus habilidades y capacidades y aun así  está dispuesto a escuchar y hasta cambiar sus decisiones en favor de otros; en pocas palabras es una persona con ciertas virtudes y las aprovecha para obrar el bien en favor de su prójimo.

La humildad es una hermosa cualidad del ser humano, es una disposición mental que trasciende las barreras sociales, la discriminación racial y religiosa y que contribuye en gran medida a la paz. Desde un punto de vista religioso la humildad se asocia con el reconocimiento de un ser superior el Dios todopoderoso,  y el mayor ejemplo de humildad lo puso Jesucristo que aun siendo el hijo de Dios lavo los pies de sus discípulos, poniendo así un ejemplo para sus seguidores.

Lo contrapuesto a la humildad es la soberbia, la arrogancia.   

“Ser arrogante significa ser altivo, altanero, jactancioso, prepotente, engreído. Es arrogante quien cree ser un experto en todos los temas, y que, en consecuencia, no tiene interés en escuchar otras opiniones. Una persona arrogante llega, incluso, a despreciar y ofender a las otras personas”. Fuente

La persona arrogante, presume de sus logros, conocimientos, habilidades, ostenta su poder y manifiesta un deseo insano de ser reconocido y adulado, no le importa humillar a otros con tal de sobresalir.

Queridos amigos, recuerden: mas humildad y cero arrogancia, que todo lo que sube, baja y la vida da muchas vueltas. Bendiciones para todos.

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